Algunas veces recordamos lo que de niños fuimos, con la incertidumbre de que esos recuerdos son sólo una nebulosa que se pierde en los recobecos de la memoria de una forma difusa, sin respaldar, al final, lo que creemos que fuimos.
Cuando pensamos en aquellos años, existen certidumbres que nos abrazan al ir a buscarlas: los lugares, las personas, los hechos...
Pero, los tiempos se difuminan. No se enlazan entre sí para aportarnos la veracidad de lo que aún recordamos, de lo que deseamos que no desaparezca, de lo que en definitiva, nos confiere como personas, siendo nuestro marco de referencia, nuestra sella de identidad. Nuestro origen.
Sería bueno que lo que vivimos, aquello que en algún momento compartimos con personas con las que ya no tenemos contacto, algunas de ellas desaparecidas, no se escondiese tan fácilmente en nuestro cerebro, jugándonos la mala pasada de no hallarlo cuando lo necesitamos, para reconocernos en aquella niñez.
Muchas veces nos preguntamos si aquello lo vivimos o, simplemente lo creamos con nuestra imaginación para tener algo que exponer sobre lo que fuimos.
Es esto lo que nos genera incertidumbre cuando queremos creer en nosotros mismos y en nuestra autenticidad, con la pretensión de defender quiénes somos y justificar cómo somos.
Pero, a veces, esos "borrones cognitivos", nos hacen preguntarnos ¿qué fué de aquello?...
Somos lo que somos gracias a lo que fuimos, o ¡eso intentamos creer!!!.
No te salves.
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1 comentario:
Eso me pregunto yo.
¿¿Para cuándo la invención de las memorias externas USB con conexión cerebral??
Así podríamos ir descargando con cierta frecuencia los recuerdos, previamente clasificados, y poder tener más espacio para seguir acumulando recuerdos.
Creo que somos quienes somos por lo que hemos sido, y seremos más parecidos a quienes eramos si conservamos a la niña o niño, adolescente, joven... que aún llevamos dentro, recordándonos nuestros anhelos. Pero con el deseo y sin miedo a CRECER.
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